CHISMES y SABORES: LA HERMOSURA de la PERRICHOLI

 

Los franceses que escribieron sobre el Perú, decían que su belleza no tenia parangón, tanto fue su fama de Micaela Villegas, mas conocida como la "Perricholi" que el novelista Prosper Merimee. (París, 1803-1839), escribe un sainete (obra teatral) llamada: "La carrosse du Sannt-Sacrement" (La carroza del Santo Sacramento), Esta obra , relata parte de la vida de esta hermosa mujer nacida en Huanuco-Perú-, y que su belleza sedujo al virrey Manuel Amat y Junyet, Dícese que Micaela Villegas enseña al soltero de ceño adusto y raigambre soldadesco a comer picante de cuy, locro de gallina y rocoto relleno.

Merimee, no conoció el Per.u, pero el relato de la Perricholi lo sedujo, que cuando en París presento su novela "La Venus de Ille" (1837- se las recomiendo-), manifiesta: "Soy de padres franceses y yo amo a París, pero para mi el Perú, es el país de mi fantasía y deseo cumplir un sueño, viajar a Perú a conocer la tierra de los Incas, mis amigos cuando escriben sus aventuras de viaje manifestaban la grandeza de su cultura y la hermosura de sus mujeres". 

Lo que sigue a continuación algunos atribuyen la autoria a Don Ricardo Palma, otros como Jean Descola, dice que lo pronuncio Prosper Merimee, hoy no vamos a discutir quien es el autor, solo deseo que lo disfruten: 

"Con la lechera, a las siete nace el bullicio de Lima. En olor de santidad llega, detrás, la vendedora de tisanas.

A las ocho pasa el vendedor de cuajadas.

A las nueve, otra voz ofrece confites de canela.

A las diez, los tamales buscan bocas para alegrar.

A las once son horas de melones y confites de coco y maíz tostado.

A mediodía, pasean por las calles los plátanos y las granadillas, las piñas, las lechosas chirimoyas de terciopelo verde, las paltas prometiendo suave pulpa.

A la una llegan los pasteles de miel caliente.

A las dos, la picaronera anuncia picarones, buñuelos que invitan al atraganto, y tras ellas avanzan las humitas, rociadas de canela, que no hay lengua que olvide.

A las tres, aparece el vendedor de anticuchos, corazones destrozados, seguidos por los pregoneros de la miel y el azúcar.

A las cuatro, la picantera vende especies y fuegos.

A las cinco, el ceviche, pez crudo penetrado de limón.

A las seis, nueces.

A las siete, mazamorras puestos a punto por la intemperie en los tejados.

A las ocho, los helados de muchos sabores y colores abren de par en par, ráfaga fresca, las puertas de la noche.

A las nueve, se reza el rosario, el trisagio y la novena.

A las diez, se escucha el trote de la carroza del virrey Amat, quien va en busca de Miquita Villegas”

Rodolfo Tafur Zevallos 

 

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