EL MAIZ EN EL ALERO

"EL MAIZ EN EL ALERO

LOS MAICES DEL PERU.

"HE REGRESADO PARA SER ETERNO": 

"LA PISHGA o PISCA"

Aunque el tirano te muerda siempre serás maíz, maíz.

Aunque te arranquen los ojos, siempre serás maíz, maíz. Himno de bravas calandrias

wakchapa kallpan 

wañuptin kawsachiqnin.

Pancito de la ternura,

humilde oro de mil corazones.

(Carlos Huamán).

Cuenta una vieja leyenda de la etnia Chanca, indios quechuas muy bravíos, que el primer ser humano puesto en la tierra por los Dioses Andinos había muerto, su cuerpo fue enterrado en un escarpado precipicio. El féretro deberá esta de tal manera que todos los días cuando el sol aparezca sea primero el en darle la bienvenida. La costumbre impuesta, rezaba que al quinto día el espíritu del fallecido debería regresar, sus familiares se ocupaban de lavar su ropa y preparar abundante Chicha o Azwa, el espíritu tomaba un vaso de chicha y comía maíz tierno sancochado, (choclo), luego pronunciaba la frase “Ahora soy eterno”, desde ese momento pasaba al panteón de los inmortales.

Era el quinto día, todos estaban reunidos para recibirlo. Apareció el Sol y los cantos empezaron a alegrar el campo, pero no llego el primer humano fallecido, lo esperaron hasta entrada la noche y no apareció. El espíritu no llego, la comunidad de mortales estaban muy tristes y furiosos.

Al día siguiente y muy entrada la tarde apareció. Todos los mortales estaban molestos, y las que más hervían de indignación eran las mujeres, en especial la esposa del muerto.

-¡Haragán! ¡Siempre el mismo haragán! ¡Tenias que ser tú, ahora ya no seremos inmortales!, ¡los Dioses nos castigaran!.

El anima o espíritu balbuceo algunas disculpas y los Dioses lo convirtieron en una mosca grande, y verde, se le condeno a jamás comer maíz ya que esta gramínea es el alimento de los Dioses. Salió volando y nunca volvió más. Los mortales pidieron perdón por tamaña ofensa. Wirachogllo, deidad mas importante, les ordeno que siempre tengan en el alar de sus techos mazorcas de maíz, las mismas que deberían recibir los primeros rayos solares para que así su vida sea mas longeva pero llegado el día deberían morir.

Desde ese momento y en espera de una indulgencia divina, en muchos pueblos andinos del Perú, al quinto día de fallecer un familiar le rinden homenaje y recuerdo, lavan su ropa y preparan abundante chicha y cocina muchos choclos, al sexto día cuelgan mazorcas de maíz en el alar de sus tejados con la esperanza de que su vida sea duradera.

"Remando en nuestro ataúd

volveremos, volveremos.

Romperemos crueles sables, mi amor

será un panal nuestro refugio.

Despertará ya el cadáver, mi amor,

no sangrarán las florecitas"

Rodolfo “LOCRITO” Tafur

 

 

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